Los titulares que afirman que la inteligencia artificial nos hace más tontos y perezosos se multiplican, pero la investigación científica revela un panorama mucho más complejo. Del deterioro cognitivo al impulso de la creatividad, ¿cómo está cambiando nuestra dependencia cada vez mayor de herramientas como ChatGPT nuestra forma de pensar y la salud de nuestros cerebros?
Un debate creciente sobre la inteligencia artificial y la cognición humana
En nuestra vida cotidiana, el uso de programas de inteligencia artificial como ChatGPT se ha vuelto evidente y tangible. Los estudiantes los utilizan para redactar trabajos de investigación, los empleados los emplean para organizar sus agendas y ayudar a redactar informes, e incluso los padres los usan para crear cuentos personalizados para dormir a sus hijos pequeños. Sin embargo, en el interior de nuestras mentes, la cuestión de cómo el uso continuo de la inteligencia artificial afecta a nuestros cerebros sigue siendo un misterio rodeado de numerosas incógnitas.
El uso excesivo de ChatGPT podría dañar nuestros cerebros
A medida que crece nuestra dependencia para obtener un vasto conocimiento recopilado a gran velocidad y al alcance de la mano, los científicos compiten por comprender cómo el uso frecuente de los modelos de lenguaje grande (LLM) afecta a nuestros cerebros. Aumentan las inquietudes de que esto pueda debilitar nuestras capacidades cognitivas y ahogar la diversidad de nuestras ideas, lo que genera un amplio debate sobre el costo real de esta tecnología revolucionaria.
Resultados preocupantes de estudios recientes
Los titulares que anuncian que la inteligencia artificial nos vuelve estúpidos y perezosos se dispararon este mes tras la publicación de un estudio del Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Aunque los investigadores advirtieron que este y otros estudios no han llegado a conclusiones definitivas sobre si la inteligencia artificial está remodelando nuestros cerebros de forma perjudicial, el trabajo del MIT y otros estudios pequeños publicados este año ofrecen indicios inquietantes.
Una encuesta británica realizada a más de 600 personas y publicada en enero encontró una «correlación negativa significativa entre el uso frecuente de herramientas de inteligencia artificial y las habilidades de pensamiento crítico», ya que los usuarios más jóvenes dependían particularmente de los programas como sustitutos, y no como complementos, para las tareas rutinarias.
Asimismo, la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania publicó la semana pasada un estudio que demostró que los estudiantes de secundaria en Turquía que tenían acceso a un tutor con el estilo de ChatGPT obtuvieron un rendimiento significativamente mejor en la resolución de problemas matemáticos de práctica. Sin embargo, cuando se les retiró el programa, su desempeño fue peor que el de los estudiantes que no habían utilizado ningún tutor de inteligencia artificial.
Estudio del MIT: «Ensayos sin alma»
El estudio que atrajo una enorme atención por parte del MIT —y cierta reacción adversa— involucró a investigadores que midieron la actividad cerebral de estudiantes universitarios mientras utilizaban ChatGPT para redactar ensayos al estilo del examen SAT durante tres sesiones. Su labor se comparó con la de otros que utilizaron Google o que no emplearon nada en absoluto. A 54 escritores se les colocaron gorros equipados con electrodos para supervisar las señales eléctricas en el cerebro (EEG).
Los datos del electroencefalograma revelaron que los redactores que utilizaron ChatGPT mostraron el nivel más bajo de compromiso cerebral y un «rendimiento consistentemente pobre a nivel neuronal, lingüístico y conductual». Al final, entregaron ensayos que parecían similares y carecían de toques personales. Los profesores de inglés los describieron como «sin alma». El grupo que dependió de su «cerebro únicamente» mostró la mayor activación neuronal y conexiones entre regiones cerebrales que «se correlacionaron con una memoria más fuerte, mayor precisión semántica y un sentido de propiedad más profundo sobre el trabajo escrito».
El concepto de «descarga cognitiva» y su impacto
Michael Gerlich, quien dirigió la encuesta en el Reino Unido, señaló que el enfoque del MIT fue «fascinante» y demostró que la inteligencia artificial fomenta lo que se conoce como «descarga cognitiva», que ocurre cuando utilizamos una acción física para reducir las exigencias sobre nuestro cerebro. Pero en lugar de descargar datos simples —como números de teléfono que antes memorizábamos y que ahora almacenamos en nuestros teléfonos—, las personas confían en los modelos de lenguaje grande para descargar todo el proceso de pensamiento crítico. Su estudio sugirió que los jóvenes y las personas con menor nivel educativo son los más rápidos en delegar el pensamiento crítico en los LLM porque tienen menos confianza en sus propias habilidades.
Gerlich, profesor de la Escuela de Negocios SBS en Zúrich, afirma: «Es un modelo de lenguaje grande. Piensas que es más inteligente que tú. Así que lo adoptas».
¿Puede la inteligencia artificial ser una herramienta de superación?
A pesar de estas preocupaciones, los investigadores advierten que no se deben extraer conclusiones precipitadas. Ningún estudio a largo plazo sobre los efectos de esta tecnología emergente en la cognición ha concluido. Los investigadores también subrayan que los beneficios de la inteligencia artificial eventualmente podrían superar los riesgos, liberando nuestras mentes para abordar ideas más grandes y audaces.
El temor a que la tecnología reprogramme nuestros cerebros no es nuevo. Sócrates advirtió que la escritura volvería a los seres humanos olvidadizos. A mediados de la década de 1970, los profesores se preocuparon de que las calculadoras económicas privaran a los estudiantes de su capacidad para realizar operaciones aritméticas básicas. Más recientemente, la aparición de los motores de búsqueda generó inquietudes sobre la «amnesia digital».
Los expertos sugieren que, a largo plazo y si se utiliza correctamente, la inteligencia artificial podría demostrar que fomenta el pensamiento crítico en lugar de reemplazarlo. De hecho, el estudio de la Escuela Wharton demostró que el grupo de estudiantes que utilizó un programa de tutoría al estilo de ChatGPT con salvaguardas integradas que ofrecían pistas diseñadas por profesores en lugar de dar las respuestas, obtuvo un rendimiento excelente y comparable al de los estudiantes que no utilizaron inteligencia artificial al resolver problemas sin ayuda.
Conclusión: hacia un futuro equilibrado
Los investigadores coinciden en la necesidad de realizar más estudios sobre las mejores formas de moldear los comportamientos de los usuarios y diseñar los modelos de lenguaje grande para evitar dañar las habilidades de pensamiento crítico. También existe una necesidad urgente de educar al público sobre cómo utilizar la inteligencia artificial y pensar en ella como una herramienta que amplía nuestras capacidades en lugar de ser un sustituto de estas. La inteligencia artificial, si se canaliza adecuadamente, podría ser el catalizador que nos impulse hacia nuevos horizontes de creatividad y pensamiento profundo, en lugar de ser la herramienta que nos haga depender de ella a ciegas.